miércoles, 16 de enero de 2008

prefacio


la mente en blanco no existe- pensó un día cuando besaba a la chica- porque ni siquiera cuando estoy en otro mundo como ahora, puedo dejar de pensar, no creo en esas religiones del oriente que practican algo parecido. Me gustas - le dijo- me gustas porque hueles a verdad a esa verdad que se muestra en tus ojos. Luego la abrazó con miedo, con miedo a sentir algo más, a ver algo más en sus ojos negros que tanto le decían. Ella no solía besar de esa forma porque se le cansaba la mandíbula, pero sintió que él la relajaba y pensaba en prados verdes y en películas de época, esas que conmueven, ella no se había enamorado pero él tenia olor a campo y eso le hacia pensar más de la cuenta en él y sentía miedo y a veces pájaros que revoloteaban en su estómago como una estúpida. Y tu me gustarías si no fueras de ese tipo de hombres, ese tipo a cual perteneces y que conoces bien- dijo sin dudar ni un segundo-. Ella condicionó su amor y otra vez sepultó un sentimiento, un posible amor y sus aves volaron lejos, hasta quien sabe que día volver a posarse otra vez. Nunca más se besaron y a ella le comenzó a doler la mandíbula y él... quedó con la mente en blanco.

1 comentario:

Fernanda Urrea Toledo dijo...

Hola Carla, te agrego a mi blog.

Una sonrisa.